Qué... ¿Usted no se piensa jubilar nunca o qué?
¿Le importa?
Para nada, no podría serme más indiferente. Por romper el hielo, más que nada.
Pues no, no pienso jubilarme. Lo siento si se había hecho ilusiones.
Le repito que me la repampimfla. Es usted el que va haciendo el ridículo por ahí, así que...
¿Ridículo? ¿Por qué?
Hombre; si usted cree que pasa desapercibido yendo por la calle en pantalón corto, con barretina y con una camiseta ocho tallas más pequeña de lo que corresponde a su panza, usted sabrá, oiga.
Usted tampoco es que sea muy discreto con ese hábito que lleva, ¿sabe?
Pero a mí al menos me cubre los michelines, cosa que no pueden decir todos. Con todo el cariño se lo digo.
Ya....
A todo esto... ¿Tiene hijos y nietos?
Por supuesto. Y todos, por supuesto, fieles creyentes de la fe verdadera.
Qué bien... No; más que nada se lo preguntaba porque deben pasar una vergüenza horrorosa cuando van con usted por la calle.
Es usted un impertinente, ¿lo sabe?
Pues no he comenzado ni a calentar, que lo sepa.
Todos los pericos son iguales, ya me lo decía mi padre.
¿Su padre también iba haciendo el payaso por la vida?
¡Oiga!
No se enfade, hombre. Es que siempre me ha interesado mucho el tema de la herencia genética y esas cosas. Soy un fan de Mendel, yo. Repito la pregunta: ¿su padre también era un notas?
No le voy a consentir una sola falta de respeto más, se lo advierto.
Uuuuy, qué miedo... ¿Y qué va a hacer? ¿Me va a pegar con el gorro de pitufo o algo?
Ya se me ocurrirá algo.
Pues dese prisa, porque no parece que le quede mucho tiempo.
¿Me está llamando viejo?
Nooo... Para nada... Anciano, matusalén, momia... Pero yo estoy muy bien educadito y nunca le llamaría viejo.
Se está usted ya pasando.
Qué quiere que le diga... Encuentro muy triste a la gente que no sabe aceptar su edad.
Yo acepto la mía, joven.
Ya... Y entonces, ¿por qué va vestido como un colegial? Además, como un colegial con problemas psicológicos, añado.
¡No voy como un colegial! Es que llevo el Bar$a muy adentro.
¡Ah, es eso! Esa barriga es que se ha comido el Camp Nou, lo menos.
¡Es el orgullo que siento de ser culé, ¿se entera?!
Pues casi que haga un poco de dieta de orgullo, oiga, que cualquier día va a reventar de puro exceso de dignidad.
Ustedes no pueden entenderlo.
Desde luego.
Nosotros somos más que un club, ¿sabe?
Como para no saberlo. Parecen ustedes loros, de tanto que lo repiten.
Es que es la pura verdad, aunque les duela.
A nosotros no nos duele, que lo sepa: nos descojonamos de la risa de semejante idiotez.
Claro, claro... Poca vergüenza, es lo que tienen ustedes.
Perdone, pero no creo que sea usted el más indicado para hablar de vergüenza, la verdad.
¿Ah no? ¿Y por qué, si puede saberse?
Hombre, jefe; alguien que va vestido así lo mínimo que podría hacer es callarse, qué quiere que le diga.
Se acabó. Esta conversación se ha terminado.
Oooh... Qué lástima... Con la de preguntas que tenía para usted. Por ejemplo: la barba, ¿es suya o es postiza?
¡Bastaaa!
Qué carácter, Jesús. En fin... Gracias por dejarme realizar este estudio zoológico.
¿Qué insinúa?
Nada, nada... Hala; a ver si le metemos cinco.
Ya le gustaría...
No sabe cómo.
leandroaguirre@diariobib.com